Hablar
del hombre de Santa María es remontarnos
a épocas anteriores a la conquista
española. Ya desde ese entonces
se fue forjando el espíritu y el
alma calchaquí; debiendo atravesar
por luchas sangrientas, desarraigos y pérdida
de tierras, familia, ganado, etc. Sin embargo
pudieron seguir adelante, sabiendo adaptarse
a vicisitudes y cambios. Conservaron muchas
de las costumbres, prácticas y creencias
de sus antepasados, y adoptaron otras tantas
de los conquistadores.
Si vemos la forma de realizar un tapiz,
una manta, un poncho u otro tipo de tejido,
podemos reconocer algunas técnicas
propias, aunque el tejido se realice en
un telar español adaptado. La manera
de hilar la lana, con el huso, los diseños
que ejecutan, los colores que utilizan,
nos está demostrando que la cultura
calchaquí sobrevive en el tiempo.
También la cerámica mantiene
su factura, aunque sin el esplendor que
tuvo antes de la llegada del conquistador.
En cuanto a lo espiritual, mantiene sus
creencias en la "Pachamama",
dueña de la tierra y todo lo que
en ella se da. Así se le rinde culto
tanto cuando se levanta una cosecha, o
cuando se marca el ganado, o cuando se
emprende un viaje; también al inaugurar
una casa. Todo es parte de lo cotidiano.
Estas tradiciones se transmiten de padres
a hijos en forma oral. A través
del tiempo fueron perdiendo algunas cosas,
y adoptando otras de la cultura contemporánea.
Es por eso que en la actualidad vemos mezcladas,
si bien el lenguaje originario era el kakán
este se perdió desgraciadamente,
persistiendo solamente algunos elementos
del quechua, traído por los Incas
durante su invasión. Se observa
así una singular simbiosis, común
a los pueblos de América, donde
tradiciones ancestrales se confundieron
con aportes europeos.
El pueblo al realizar las bendiciones,
utiliza por igual agua bendita o chicha
(bebida alcohólica extraída
de la fermentación del maiz), encomendando
sus bienes tanto a Dios como a la Pachamama.
Todo este sincretismo es lo que sustenta
la ciencia folklórica, de allí su
riqueza y la necesidad de estudiarla con
toda la seriedad que corresponde.
"Los materiales que recoge el folklore
están vivos en el mismo ambiente
que les dio el ser", no se trata de
supervivencias, sino de la vida continuada
y no desaparecida del americano. Los dibujos
que se utilizan actualmente en los tapices,
son extraídos de los antiguos símbolos
con los que solían representar escenas
de la vida diaria, aparecen por ej.
"Los camélidos
(llamas)", único
animal domesticado en América
antes de la llegada del español,
utilizado tanto por su carne, su leche,
como por su lana y porque les servía
además para el transporte de
mercaderías, utensilios, enseres
domésticos, y carga en general.
La
mentalidad de los "vallistas" es
simple, muy observadores y conocedores
de la naturaleza, en la que descubren
muchas cosas que el resto de la gente
no ve, hacen de ella un "santuario",
lo natural y lo sobrenatural se confunden.
Lo mismo sucede con lo cristiano y lo
profano, lo traído por el español
y lo americano. Ellos creen en la PACHAMAMA
(palabra quichua: Pacha=mundo, tierra,
conjunto de seres existentes, universo;
y Mama=madre), dueña de todo lo
que se encuentra sobre la tierra y debajo
de ella. Es una divinidad incaica que
hoy sobrevive como mito popular en las
regiones andinas, desde el noroeste argentino
hasta el ecuador es considerada como
espíritu deificado de la tierra,
como diosa de la fecundidad, incluso
de los animales y aún de la mujer.
Se le consagran ofrendas propiciatorias
en diversas formas y circunstancias.
Este tradicional culto tiene su manifestación
más evidente en las "apachetas",
montículos de piedras que se encuentran
tanto en los caminos por donde circulan
los viajeros, como en lugares de trabajo,
por ejemplo en los socavones de las minas.
Se va agrandando con las ofrendas que
realizan quienes pasan cerca de ella,
consistente en la coca que van masticando: "el
acuyico", alcohol, cigarrillo si
lo tuviesen, o simplemente una piedra
del camino. Al realizar estas ofrendas
pronuncian una especie de oración,
y dicen: "Pachamama, Santa tierra
Kusiya Kusiya". Es una especie de
invocación propiciatoria rogando
una bendición para las distintas
actividades. En algunos casos se puede
ver una identificación de la Pachamama
con la Virgen María, por ser ambas
mujeres que cuidan y protegen a sus hijos.
La
familia santamariana. Para hablar de
ella, no podemos limitarnos a definirla
tal cual se nos muestra actualmente.
La trama histórica con sus distintos
aportes no es indiferente. De esto podemos
deducir que la familia aborigen, la familia
española y la post-colonial han
contribuido con sus rasgos histórico-culturales
y socioeconómicos, conformando
un modelo de familia muy particular.
El
esquema familiar aborigen constituido
por "clanes" que reunían
a la parentela, ha perdurado a lo largo
de más de 2.000 años. Podemos
describirlo como "familia extensa",
donde no existe un grupo humano cerrado,
sino que es común la convivencia
de hasta tres generaciones en una misma
vivienda, donde abuelos, padres e hijos
viven juntos, o bien donde se construye
la nueva vivienda dentro del ámbito
de la casa paterna. Existe además
una estrecha relación con tíos
y primos, lo cual nos permite observar
el alto grado de pertenencia y cooperación
que poseen los miembros del grupo familiar.
La
mayoría de las familias son numerosas.
Los primerizos a menudo nacen de madres
solteras que quedan embarazadas siendo
muy jóvenes, desde los 13-14 años.
En muchos casos se da lo que es llamado
el "matrimonio de prueba" que
encuentra sus raíces en las antiguas
poblaciones aborígenes y que consiste
en la unión temporaria de una
pareja, que puede o no convertirse en
definitiva.
Es
frecuente el nacimiento de hijos sin
que ello implique necesariamente unión
permanente. En el caso de disolverse
el vínculo, éstos quedan
generalmente con la madre. Así se
da que los hijos naturales viven con
el nuevo matrimonio de la madre, y son
tratados generalmente todos por igual.
Los niños conocen su origen y
es habitual que su padre los reconozca.
La familia no se limita a los parientes
sanguíneos sino que existe una
gran generosidad en la crianza "como
propios" de los hijos de parientes
cercanos o lejanos, de ahijados o de
otros niños.
La mujer, vemos que su presencia oculta, pero con un papel multifacético
definido, la vuelve imprescindible en
las tareas hogareñas. No es casual
que la vida familiar y su organización
gire a su alrededor, lo cual nos devela
raíces matriarcales profundas,
heredadas de sus antepasados aborígenes.
En ella no aparecen roles de poder, esto
posiblemente se debe a la mezcla de aportes
de las culturas española y aborigen.
Son mujeres valientes que saben "desaparecer" para
poner en luz a su compañero, ya
que quien ejerce la autoridad es él.
La mujer, en la organización aborigen,
doméstica, además de cuidar
y alimentar al clan familiar, encargándose
de tener siempre leña, agua y
la carne secada al aire (llamada "charqui")
para la subsistencia familiar, debía
dedicarse al hilado de la lana que le
proveían las llamas y las vicuñas
(animales que viven en la montaña
y que poseen una cubierta de fina lana
que protege su cuerpo del frío
intenso de la altura). El hombre cumple
un papel de protección claro,
alterna su trabajo con las relaciones
sociales y el descanso. Los fines de
semana lo encuentran reunido con sus
amigos en el bar, terreno que pertenece
al varón. Parco en su expresión
de cariño, la historia lo ha llevado
a no demostrar lo que siente, es a través
de su propio ejemplo como enseña
a trabajar, a gozar de la vida y a sufrirla.
Lo
artesanal como expresión de sus
vivencias, de su cultura, no siempre
es valorado, debido a la falta de incentivos
económicos y sociales. Se abre
cada vez más profunda la brecha
intergeneracional, imposibilitándose
la transmisión de los acervos
culturales, con el riesgo de perderse.
Según
datos recogidos de historiadores que
se ocuparon del tema, el teñido
de la lana que se usó en el hilado,
también hoy se realiza de forma
igual, con jugos preparados con plantas
del lugar, obteniéndose los diferentes
colores, como por ejemplo:
-
Planta de algarrobo: color gris claro
o negro
- Planta de ausque: color plomo azulado
- Planta de cardón: color morado
oscuro
- Planta de churqui: color gris o negro
- Planta de espinillo: color café o
borravino
- Planta de molle: color amarillo
- Semillas de achira: color rojo
- Planta de sauco: color verde
- Planta de jarilla: color verde pálido
Sin
embargo queda perdido en la oscuridad
del tiempo el procedimiento utilizado
para fijar los colores, que llegaron
a nuestra época en las momias
y en sus vestidos, y en las cerámicas
encontradas en yacimientos arqueológicos
de toda la zona de Santa María,
secreto que nunca fue descifrado por
ningún investigador. |